Manuel Bouzas: arquitectura ecológica en el entorno rural
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¿Es posible que la arquitectura, el arte de construir, sea responsable de curar los paisajes que habita en lugar de destruirlos? Durante décadas, el diseño se ha centrado en las ciudades, espacios que apenas ocupan el 2 % de la superficie mundial. Sin embargo, la arquitectura ecológica nos invita a cambiar el foco y mirar hacia ese otro 98 % que sostiene la vida: el entorno rural.
El arquitecto, investigador y Premio Princesa de Girona, Manuel Bouzas, propone una nueva forma de entender nuestra relación con el territorio. En un contexto marcado por la crisis climática, su mensaje no habla de prevenir desastres desde el pesimismo, sino de reaccionar desde el optimismo, recuperando oficios, materiales locales y, sobre todo, visibilizando a las personas que custodian nuestros paisajes productivos.
En esta entrevista para Mejor Conectados, Manuel Bouzas nos explica por qué la arquitectura ecológica no es un lujo, sino un ejercicio de sentido común, y cómo la madera quemada de Galicia se convirtió en un símbolo de esperanza en la feria internacional de arte ARCO.
De las externalidades a las «internalidades»: un cambio de enfoque
«La arquitectura no deja de ser una herramienta de reacción hacia un montón de problemas que son urgentes para nosotros como sociedad,» reflexiona Manuel. Uno de los datos más alarmantes sobre el impacto ambiental de la construcción es que este sector es responsable del 40 % de las emisiones globales de CO2.
Para Bouzas, el debate no puede quedarse en la desgastada palabra «sostenibilidad». La clave está en entender qué coste real tiene lo que construimos. En economía y ecología, existe el concepto de externalidad (acuñado por el economista Arthur Pigou en 1920). Una externalidad ocurre cuando un proceso productivo genera un impacto negativo, como las emisiones de carbono, que asume el conjunto de la sociedad en forma de coste público, mientras que el beneficio queda en manos privadas.
Manuel Bouzas lidera el Pabellón de España en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2025 bajo un concepto disruptivo: las internalidades. «El proyecto que hicimos para la Bienal de Venecia, que se llamaba Internalidades, contempla también un factor humano. Habla de energía, de emisiones, de territorio, de materiales, pero también habla de oficios».
Internalizar significa, según el arquitecto, diseñar pensando en que esas flechas de impacto ambiental que antes iban «hacia afuera» (destruyendo ecosistemas), ahora se conviertan en flechas de impacto positivo integradas desde el primer boceto del edificio.
«¿Qué pasa si los impactos que generamos en el medio ambiente comienzan a ser positivos y no negativos?» se pregunta Manuel. Esta visión busca reconectar los procesos productivos con el proteger el medio ambiente de manera activa y consciente.
Más allá de las ciudades: los «paisajes operacionalizados»
Para entender la visión de Manuel Bouzas, hay que alejarse del asfalto. Ese 98 % del mundo que no es ciudad está profundamente diseñado y planificado. «Es lo que se llaman paisajes operacionalizados en gran medida», explica.
Estos paisajes rurales son los territorios que generan la energía que consumimos, los alimentos que comemos y los materiales con los que construimos nuestros espacios. La arquitectura tiene el deber de volver a conectar con estas geografías y con las economías sociales que las mantienen.
Los 3 pilares de una arquitectura bioclimática y humana
Siguiendo su discurso, Manuel establece tres ejes fundamentales para que el diseño arquitectónico sea verdaderamente ecológico y social en el entorno rural:
1. Renaturalización: devolver el equilibrio al paisaje
Manuel aboga por un pensamiento ecológico que entienda la relación entre todas las cosas. No se trata solo de añadir plantas, sino de que cada intervención arquitectónica actúe como un «bosque» que absorba emisiones en lugar de ser un «agujero» en la tierra.
2. Materia y economía: la madera como motor rural
El uso de materiales como la madera, la tierra o la piedra es un pilar técnico y ético. La madera es el único material que absorbe más CO2 del que genera, y su uso impulsa economías locales, creando empleo en los montes y talleres artesanos del rural.
3. Vínculos humanos: el diseño contra la soledad rural
Para Bouzas, la arquitectura debe servir como «terreno común» y «plataforma para establecer vínculos y confianza». En el rural, esto significa diseñar espacios que fortalezcan la comunidad y el sentido de pertenencia, combatiendo el aislamiento.
Las Comunidades de Montes: un ejemplo vivo de gestión del territorio
Como ejemplo de esta conexión profunda entre paisaje y sociedad, Manuel destaca las Comunidades de Montes de su tierra natal, Galicia. Se trata de una figura de propiedad privada pero colectiva, con raíces germánicas de hace siglos, que aún se mantiene viva.
En la actualidad, existen más de 3.000 Comunidades de Montes que articulan el 25 % de todo el suelo de Galicia. En este modelo, son los propios vecinos de las aldeas quienes custodian, velan y deciden sobre el cuidado de sus bosques. Para Bouzas, estas historias demuestran que existen modelos sostenibles locales capaces de gestionar recursos comunes de forma equilibrada y resiliente.
El Guest Lounge de ARCO 2026: madera quemada contra el olvido
Uno de sus proyectos más recientes es el Guest Lounge de ARCO 2026, titulado 350.000 Ha. El nombre hace referencia a las hectáreas calcinadas en los incendios de agosto de 2025 en Ourense y León.
Bouzas construyó este espacio utilizando madera de árboles quemados cedida por comunidades de montes como la de Laza, dándoles un nuevo valor y visibilizando el trabajo de quienes regeneran esos bosques. «Hemos traído un pedazo del rural allí, es un espacio que huele y se siente, que tiene las heridas quemadas», explica el arquitecto. Es un alegato por el cuidado del entorno rural a través del diseño consciente.
Recuperar oficios tradicionales con la tecnología del futuro
La arquitectura que propone Bouzas exige recuperar y dignificar oficios históricos que parecían abocados a desaparecer: los madereros, los carpinteros y los canteros.
Pero el enfoque no es nostálgico. Manuel subraya la importancia de combinar estos saberes artesanales con tecnologías de vanguardia. «Hablamos de recuperar oficios, saberes e inteligencias que parecían perdidas (…) pero que evolucionan con las herramientas que están a nuestro alcance», señala.
Hoy, las personas que trabajan la tierra, la piedra o la madera pueden aliarse con herramientas como la impresión 3D o la robótica para facilitar su labor y abrir nuevos caminos. De este modo, la arquitectura se convierte en un puente que une la sabiduría del pasado con las soluciones del mañana.
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¿Qué es el concepto de internalidad en arquitectura?
Es el compromiso de que un proyecto asuma y mitigue sus propios costes ambientales (emisiones, residuos) desde el diseño, buscando que el impacto final en el territorio sea positivo y no una carga para el público.
¿Qué impacto ambiental tiene el sector de la construcción?
Es responsable de aproximadamente el 40 % de las emisiones de CO2 en el mundo. La arquitectura ecológica propone reducir esta cifra mediante la descarbonización y el uso de biomateriales de kilómetro cero.
¿Qué es la descarbonización?
Manuel Bouzas señala que prefiere este término frente al de «sostenibilidad» porque se refiere a una métrica concreta: las emisiones de CO2. Descarbonizar la arquitectura significa reducir drásticamente esa huella de carbono, empleando materiales como la madera que absorben CO2 en lugar de emitirlo durante su producción.
Fuente: https://mejorconectados.com
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